Reseña: Invisible, de Eloy Moreno

Será visible para todos sus compañeros. Para los que ni siquiera lo conocían y para los que sabiendo lo que estaba ocurriendo nunca dieron un paso para impedirlo. Para todos esos compañeros que hacen trabajos, proyectos, murales… sobre «la paz mundial», «la ayuda a los débiles», «la concordia de las civilizaciones…», pero que no han sabido cómo ayudar a quien tienen al lado.

 

Hola, lectores!
Hoy aparezco por aquí para dejaros con un libro que no va a dejar indiferente a nadie, pues seguro que todos hemos deseado ser «invisibles» en algún momento.

 

Todos saben distinguir entre el bien y el mal, entre las bromas y el maltrato, entre el juego y el acoso… pero ninguno sabe cómo pararlo sin hacerse daño.

 

Datos del libro:

  • Título: Invisible
  • Autor: Eloy Moreno
  • Nº de páginas: 304
  • Editorial: Nube de Tinta
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    Duerme, pero no es capaz de descansar porque, aunque sus ojos están cerrados, sus heridas —las internas— siguen abiertas, a la espera de que sea la cicatriz del tiempo la que las apague.

     

    Sinopsis:

    Emotiva, conmovedora, diferente… Invisible narra, a través de los ojos de un niño, una historia que podría ser la de cualquiera de nosotros.
    ¿Quién no ha deseado alguna vez ser invisible?
    ¿Quién no ha deseado alguna vez dejar de serlo?
    El problema es que nunca he llegado a controlar bien ese poder:
    A veces, cuando más ganas tenía de ser invisible, era cuando más gente me veía, y en cambio, cuando deseaba que todos me vieran, era cuando a mi cuerpo le daba por desaparecer.

     

    Hace ya cinco días que ve la vida borrosa, como si se hubiera puesto unas gafas de lágrimas que no es capaz de quitarse de encima. Hace ya cinco días que escribe cartas de amor que empiezan con rabia y terminan con odio. Cartas de amor que quizá nunca llegarán a su destino, que se quedarán entre la papelera y el olvido.

     

    El autor:

    Eloy Moreno nació en Castellón en 1976. Su gran pasión por la escritura le llevó a lanzarse a la aventura de auto publicar su primera novela, El bolígrafo de gel verde, de la que ha vendido más de 200.000 ejemplares. Su segunda obra, Lo que encontré bajo el sofá (2013), volvió a conectar con decenas de miles de lectores, muchos de los cuales le acompañan en las rutas que realiza por Toledo reviviendo el argumento del libro. Su tercera novela, El Regalo, que recibió de nuevo un gran reconocimiento tanto en ventas como en crítica. Invisible, su última novela lleva ya quince ediciones y ha sido traducida a varios idiomas. También ha publicado la colección de tres volúmenes Cuentos para entender el mundo, una obra dirigida tanto para adultos como para niños que ha sido incluida como lectura en centenares de centros educativos.

     

    Porque a veces decir la verdad no es la mejor opción. Sobre todo si esa verdad es tan increíble que puede parecer mentira.

     

    Personajes:

  • Chico invisible: un chico de la ESO. buen estudiante pero sin ganas de destacar sobre toda la clase, interesado en los cómics y, sobre todo, alguien que adora a su hermana, por quien nunca dejará de luchar.
  • Zaro: el mejor amigo de nuestro chico invisible. Alguien que ve los problemas de su amigo pero que no se atreve a enfrentarse al resto del aula para echarle un cable, pues tiene miedo a las consecuencias que esto pueda tener para él.
    Al final de la historia se da cuenta de que él podría haber hecho más cosas y evitar el destino trágico de su amigo.
  • Kiri: la mejor amiga de nuestro chico invisible. Ella tampoco dice nada al resto de la gente, aunque ella si intenta convencer a su amigo para que hable con los responsables del centro.
    Se caracteriza por llevar 100 pulseras en su muñeca.
  • Profesora de literatura: la única persona que es capaz de ver lo que pasa en el aula. Se dedica a vigilar al chico invisible con la ayuda de su dragón para intentar salvarlo del cruel destino que hay preparado para él. A través de sus pensamientos podemos darnos cuenta de que no es la primera vez que ha vivido estas situaciones y por eso intenta salvar a alguien.
  • Dragón: es el tatuaje de la profesora de literatura, vive en su espalda y es capaz de ver el tormento por el que pasa su alumno. Fue dibujado allí para tapar «huellas del pasado».
  • MM: el macarra de clase; encargado de hacer sufrir al chico invisible, es quien consigue que deje de luchar y acabe postrado en una cama. Se caracteriza por ser un niño rico, un niño de papá al que le cumplen todos sus deseos y lo único que entiende es que el dinero puede arreglar todos sus problemas.
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    Fue hace mucho tiempo, pero es capaz de sentir el dolor y el miedo cada vez que piensa en ello, no hay forma de borrarlo. Con el paso de los años se ha dado cuenta de que algunos recuerdos duelen igual que si hubieran ocurrido ayer.

     

    Opinión Personal:

    En lo que va de 2020 llevo leídos 12 libros y me enfrento a la reseña del que más me ha gustado, ya no solo por la narrativa de su autor, sino también por el tema que trata y como nos hace meternos en la piel de «el chico invisible».

     

    El título de este libro resume perfectamente todo lo que encontraremos en sus páginas. Nos vamos a encontrar con la historia del «chico invisible», una historia que nos enseña a un niño que siente que nadie puede verlo, alguien que nota como si la vida pasase a través de él y nadie tiene el interés suficiente para que poco a poco pueda convertirse en un ser corpóreo y nadie está dispuesto a ayudarle a encontrar las palabras y sentimientos que lo puedan definir como persona. La historia de este niño también se convierte en la historia de alguien que quiere ser invisible, alguien que quiere pasar por la vida sin ser visto porque está harto de sufrir, alguien que busca un mecanismo de huida, un mecanismo de protección y defensa frente a la cruel realidad que lo rodea.

     

    Cuando leemos esta novela terminamos por sentirnos identificados con uno de los tres personajes: el personaje que sufre el problema, el personaje que genera el problema y el personaje que calla o, en los peores casos, se ríe del problema ajeno.
    Leer Invisible supone, para algunos, un ejercicio de superación, una pelea constante, un brillante ejercicio para que muchos adolescentes – pero ojo, también adultos – puedan leer y reflexionar sobre aquellas cosas que les suceden y de las que no son capaces de hablar.

     

    Ser adolescente, pertenecer a un instituto, a un grupo de amigos, es una parte fundamental de nuestro desarrollo como individuos. Crecer es algo que nos asusta y nos deja exhaustos pensando en todo aquello que nos rodea. El autor nos lleva de la mano del «chico invisible» por estas etapas, pero acompañados de un muy mal consejero, el miedo.
    Nuestro protagonista nos va mostrando como él mismo se convierte en su peor enemigo y, sobre todo, nos hace partícipes de como la fantasía lo va llevando de la mano a otros mundos para ayudarle a escapar del lugar violento en el que habita.

    La conclusión que saco de esta lectura es que los adultos deberían ser capaces de fijarse más en los niños y adolescentes que los rodean; ser capaces de descubrir cuales son sus temores y sus problemas y, sobre todo, dejarles claro que, a pesar de estar sufriendo, no están solos.

    Citas:

    Desde que ocurrió todo no ha parado de venir gente a verme. Han pasado por aquí unos cuantos amigos, los de siempre y otros que no sabía ni que tenía. Han venido también muchos familiares, aunque a algunos no recuerdo haberlos visto en mi vida.
    Pero sobre todo ha venido toda esa gente que hasta ahora no era capaz de verme y que al saber que soy noticia, ha querido comprobar que sí, que es cierto, que vuelvo a ser visible.

    Y es que en esa habitación no hay un chico que de pronto, un día, se volvió invisible. Hay también una madre que, desde que ocurrió el accidente, no ha parado de preguntarse en qué momento dejó de ver a su propio hijo.
    Por eso ahora, noche tras noche, mantiene sobre su cuerpo una mano que es a la vez el ancla que le permite que ambos sigan unidos como lo estuvieron antes de nacer, con aquella seguridad de estar juntos sin ni siquiera verse, porque a veces no es necesario ver el cuerpo cuando se está en contacto con el sentimiento.

    Piensa ahora en todo lo que no ha pensado durante los últimos meses, piensa en las consecuencias, comienza a sospechar que los actos también tienen parte trasera.
    Está asustado como nunca lo ha estado en su vida, pero no lo admitirá, su fortaleza será fingir todo lo contrario: que a él no le importa nada, pero sí le importa.

    Y por fin la chica de las cien pulseras ha hecho la pregunta que llevaba tantos días escondida en su cabeza. Han sido solo dos palabras, pero suficientes para remover todo un mundo, al menos el suyo.
    ¿Y yo?
    Una pregunta que nace desde esa parte del amor que a veces se mancha de odio. Una pregunta que llega cuando alguna de esas mariposas que revolotean en el estómago deja de hacerlo.
    ¿Y yo?
    Se pregunta una chica que lleva demasiado tiempo en el otro lado del espejo, en ese desde el que puedes ver sin ser visto, desde el que puedes sentir dolor sin que nadie te ponga un dedo encima, desde el que puedes odiar tanto a alguien que te gustaría matarlo a besos.
    ¿Y yo?
    Una pregunta que, inevitablemente, siempre implica un nosotros.

    —¿Hoy tampoco trabajas, papá?
    —No, hoy no, me han dado permiso para poder estar contigo aquí, cuidándote.
    —¿Y no pueden darte esos permisos cuando estoy bien, cuando no estoy enfermo, para que podamos pasar más tiempo juntos?
    Y fue ahí cuando comenzó a dolerle el corazón. Esa noche intentó recordar las veces que él había estado en casa entre semana: cuando cogió aquella gripe tan fuerte, cuando tuvo un accidente en la mano, cuando se murió el abuelo, el día libre que pidió para acudir al entierro de su suegra… pero nunca le habían dado permiso para celebrar la caída de un primer diente, para enseñar a un hijo a ir en bici, para pasar juntos el día de su cumpleaños, para bañarse en la playa… en definitiva, para las únicas cosas importantes de la vida jamás le habían dado permiso en el trabajo.

    Y justo en ese instante, el chico asustado que observa su bocadillo en el suelo, acaba de descubrir que existe la violencia real. No la violencia que está acostumbrado a ver todos los días en la televisión, esa tan lejana que ocurre a otras personas, en otros lugares… sino la que ahora mismo acaba de rozar su alrededor.
    Ha descubierto además la otra cara de la violencia, la que nunca se menciona: la de quien mira y no hace nada. La de todos esos compañeros que se han acercado a ver el espectáculo pero han decidido no intervenir; la de los que, ante una pelea, solo saben sacar la cámara de su móvil para poder presumir después del momento; la de esos que ante un accidente prefieren hacer de todo menos ayudar; la de aquellos que ante una injusticia giran la cabeza hacia el otro lado, hacia donde no hay nada que ver.

    Y quizá todo lo que está ocurriendo en aquella clase no se diferencie demasiado de lo que pasa en el resto del mundo. Porque allí, al igual que en el exterior, entre todos los compañeros del chico avispa, hay tantos monstruos como víctimas.

    Y en el interior de ese baño se tropieza el amor con la vergüenza, las ganas de abrazar contra las de salir corriendo, la tristeza de quien mira y la humillación de quien es protagonista.

    Porque hay momentos en la vida capaces de detener el entorno de un solo golpe. Instantes que, por mucho tiempo que pase, nos dará la impresión de que ocurrieron ahí, justo al doblar la esquina de los recuerdos.

    Sabe que su padre lo arreglará todo, porque tiene dinero y al final todo se arregla con dinero, al menos eso le han enseñado en casa.
    En una casa en la que apenas hay cariño, ni abrazos, ni besos, ni elogios, ni palabras de ánimo… pero en la que sí que hay dinero y todas las comodidades que eso conlleva.
    ¿Quién quiere un abrazo cuando puedo llevar la ropa más cara? ¿Quién quiere un beso cuando puede comprarse todo lo que quiera? ¿Quién necesita esas tonterías?, se pregunta un chico que recuerda que no siempre fue así, que antes de que ocurriera lo del dedo todo era distinto, mejor, mucho mejor.

    Sabe que jamás llegará a tiempo, y aun así despliega sus alas gigantes para volar lo más rápido posible, y grita, y escupe fuego, y rabia, y miedo…
    Sabe también que no es el tren el que va a llevarse por delante la vida de ese chico, ni siquiera es MM el culpable; no, los que van a acabar con una vida que apenas ha podido estrenarse son todos los que han mirado pero han preferido no ver; también toda esa gente que ni siquiera ha querido mirar. Sabe que uno no es invisible si los demás no le ayudan a serlo.
    Y aun así, aun sabiendo que no va a llegar a tiempo, el dragón continúa volando todo lo rápido que puede.

    Una chica que ignora a cuántos besos de distancia está el odio; que se ha dado cuenta de que no estaba preparada para verlo; que está descubriendo que no existe el amor sin miedo.
    Una chica que debe tener cuidado al juntar los restos de una desilusión porque ahora sabe que se puede cortar con ellos.

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