¡Bienvenida, Aira!

A las 6:40 sonaba el despertador, hoy es el gran día; sin lugar a duda, hoy es el día más importante de mi corta vida.

En el comedor ya se respiraba un ambiente diferente: todos estábamos muy nerviosos, no dejábamos de hablar y de sacar conclusiones de nuestro futuro compañero, lo que hacía que la espera todavía se nos hiciese más larga.
He de reconocer que no recuerdo mucho de todo lo que pasó, pero de repente a las 9 de la mañana estaba sentada en la sala 2 esperando a que la instructora nos fuese llamando para salir a hacer las pruebas con arnés.
Estas pruebas consisten en dar un paseo con la instructora, ambas agarrando el arnés, para que ella pueda comprobar que el perro que te ha asignado si se corresponde con tu paso y tu fuerza. En este paseo también aprendemos órdenes básicas como avanza, despacio, junto y las tres posiciones básicas para dar estas órdenes.
Cuando todos hemos hecho las pruebas con el instructor nos han puesto por parejas para que uno simulase ser el perro y el otro tuviese que corregirlo, una gran forma de practicar y conseguir que nos despojásemos un poco de nuestros nervios mediante la risa, porque de pronto te ves en una situación muy absurda que te relaja mucho porque no puedes parar de reír.
El último paso antes de conocer los datos sobre nuestro compañero perruno es que nos entreguen el material necesario para estar con él. Por un lado nos han dado el material que será para nosotros, compuesto por una correa con su collar de trabajo, el arnés con su chaleco y su asa, el collar de descanso, un cascabel para tenerlo localizado y un silbato para la llamada y la hora de comer y, por el otro lado, nos han prestado el material que luego debemos devolver a la escuela: un comedero/bebedero de metal, un kong, un cepillo, un peine y una gamuza.
Nos han dado unos patrones básicos sobre su cuidado y… ¡a conocer los datos de nuestro perro!

Datos sobre los peludos:

A las 10:40 todos estábamos reunidos en la sala 2, era el momento de que cada instructora fuese diciendo el nombre de uno de sus usuarios para darle a conocer los datos del guía que le había asignado.
Como podeis imaginaros todos éramos un mar de nervios, pero las instructoras supieron paliarlo muy bien, ya que simularon esta entrega como si fuese un parto.
La primera a la que Cristina dio los datos de su perro fui yo: Aira, una labradora negra nacida el 01/04/2017, con el módico peso de… ¡29,800 kilogramos!(Mi amiga necesitaba una dieta interesante). Esta perrita resultó ser prima de las perritas de Lorena, Carmen y Manuela.
La lista de todos los perros quedó de la siguiente manera:
Cristina. Clara, Zac; Amparo, Omet; Yo, Aira y Lorena, Dami.
Pipi: Carmen, Daisa; Jose, Janet; Cristina, Malena y Javi, Verny.
Eli: Rosa, Hayek; Fernando, Hudson y Manuela, Dada.
Todos los perritos eran negros, a excepción de Zac, color chocolate y, Omet, color canela.

Era el momento de recoger nuestros bártulos y salir disparados a nuestra habitación… ¡A las 11:30 comenzaba la entrega!

Conociendo a Aira:

A las 12:06 llegaba Cristina a mi habitación (en recompensa por ser la primera en conocer el nombre he sido la última en recibir a la perrita). Aira entró bastante tranquila, olisqueándolo todo y dejando bien claro desde sus comienzos que éramos igual de perezosas, y… cotillas.
la instructora me contó que me tocaba una buena pelea, ya que me había tocado una de las perritas con más personalidad del curso y, que además, tenía demasiado vínculo con ella. Pero, por otro lado, tengo la gran suerte de contar con una perrita sin ningún miedo aparente, lo que hará mucho más fáciles las cosas.

Foto de Aira

Cuando Cristina se marchó, con Aira sujeta por la correa, recorrimos la habitación para que fuese oliéndola y familiarizándose con la que iba a ser su casa en las próxima semanas.
Cada vez que oía a su instructora por el pasillo, como es lógico, mis esfuerzos por mantenerla calmada se iban de paseo, pues ella corría a a sentarse delante de la puerta esperando ser rescatada de las garras de la nueva persona con la que le tocaba convivir.

En este momento fui consciente de la realidad: el perro guía que llevaba esperando 4 años ya tenía forma, color, nombre, peso y, sobre todo, ya estaba conmigo.
Cuando llegó no supe como actuar. Quería abrazar a mi instructora pero me moría de vergüenza, quería abrazar al perro, cosa que hice, y no soltarla nunca; quería compartir este momento con mis amigos; quería… en resumen, llorar, descargar toda la tensión contenida y disfrutar de mi perrita.

Toma de contacto:

Cuando ya todos teníamos a nuestro perro guía y habíamos conseguido tranquilizarlos un poco, llegó el momento de ponerse en faena.
Las instructoras fueron recogiéndonos uno a uno para introducirnos en la vida real: todos debíamos ir por el pasillo de residencia para practicar la orden de junto, la entrada y salida de los distintos espacios (sentamos al perro, le decimos quieto, llamamos a la puerta, le mantenemos en quieto y pasamos con la puerta a nuestra espalda y, finalmente, le decimos junto), así como adecuar nuestro paso y, sobre todo, evitar los tirones de correa que venían cuando el perro veía al instructor, a otro o, simplemente, cuando quiere huir de ti.
Esta parte resulta un poco complicada, ya que todos los perros y usuarios estamos llenos de emociones, lo que puede crear que en algún momento tiremos de la correa o alcemos la voz algo más de lo necesario.
A las 13:30 vino una de las pruebas más duras. Era la hora de comer, compartimos mesa con las instructoras, y debemos evitar que el perro coja cualquier tipo de comida, juegue con otros perros o llame la atención de su instructora. En este caso no puedo quejarme mucho, Aira solo ha intentado robar un trozo de pan y, al ver a su instructora, se ha quedado un poco pillada, porque quería saludar a su instructora, que se sienta a mi lado, comer el pan y a su vez portarse bien.
Desde aquí todo mi agradecimiento a los instructores, ya que me parece muy complicada su labor; es decir, se pasan muchos meses con el perro y, de repente, de la noche a la mañana este se va con otro usuario y ellos deben evitar cualquier contacto con él para facilitarnos el vínculo a los usuarios. Tiene que ser realmente duro no hacer caso de sus caritas de dulzura.

y, posteriormente, nos pusieron a todos en fila en el hall de la residencia para hacer nuestra primera sesión de obediencia.
Esta sesión de obediencia consiste en conseguir que nuestro perro se siente y se tumbe y, sobre todo, que permanezca quieto mientras las instructoras pasean delante de ellos (con o sin comida).

A las 15:30 tuvimos una charla sobre alimentación canina y, a las 16:00, acompañados por las instructoras, hemos ido cada uno a nuestra habitación a alimentar a nuestras bolas peludas.

La jornada de trabajo termina a las 4 y media y hasta las 8 y media que es la hora de cenar, tenemos libre.
después de que yo fuese molestando a todos mis compañeros conseguí reunirlos a todos en la cafetería para que pudiésemos comentar nuestras sensaciones del primer día de trabajo.

Hemos cenado a las 20:30 y después de sacar a los perros cada uno se ha ido a su habitación para vincularnos un poquito más. Yo he aprovechado este momento para presentar a Aira a mi familia y a mis queridos idiotas (grupo al que agradezco su apoyo en estos momentos tan… balancín en cuanto a sentimientos se refiere).

6 comentarios en “¡Bienvenida, Aira!”

  1. Creo que ese día, estábamos todos tan nerviosos como tú. Lo mejor esque poco a poco, te vas haciendo a ello y realmente los que todavía no tenemos perro, gracias a tu experiencia, nos hacemos una idea de cómo será cuando nos toque. Gracias por permitirme compartir esta experiencia contigo.

    • Mil gracias por haber estado a mi lado ese día. Mil gracias por haber estado hablando por skype y haberme ayudado a intentar calmarme mientras oía como entregaban los otros perros y veía que Aira nunca llegaba.

  2. Soy uno de esos idiotas, sí. Y supongo, que al igual que al resto del grupo, me congratula que quieras compartir con nosotros algo tan importante.
    Pero… ¿cómo te explico lo que sentí yo en particular?
    Como sabes, odié en ese momento e4star cfurrando, pues hubiera querido poderte prestar el 100% de atención a ti, porque te lo mereces, porqe… en fin, y resumiendo, porque quería ser feliz con mi mejor amiga y su bola peluda.

    Gracias por querer que formemos parte importante en esto, y ¡muchas felicidades, cielo!

    • Por supuesto que eres uno de esos idiotas, quizá el más importante y todo.
      Gracias por haber aguantado todas las borderías que pude soltar en ese momento, por escuchar el tilín de mis cascabeles mientras la bola no llegaba.
      Mil gracias por compartir conmigo él momento más importante de mi vida.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: