Blog de Némesis

Pies

Buenas lectores. El año pasado terminó para mi una de las mejores sagas que he leído, una saga que me hizo reírme mucho mientras intentaba concienciar a la sociedad de algunos problemas que nos rondan y criticar otros tantos. Son muchas las citas y conclusiones que he sacado de esta saga y, por lo tanto, el primer día de cada mes publicaré algo sobre ella.## Hilo argumental:

Los hechos transcurren en el Mundodisco, un mundo plano sostenido por cuatro elefantes que, a su vez, se apoyan en el caparazón de Gran A'Tuin, la tortuga estelar. El escenario es medieval fantástico, aunque algunas partes del mundo están ambientadas en la era victoriana a lo largo de la serie. Estas historias se centran en la Guardia de la Ciudad de Ankh-Morpork, el cuerpo civil encargado de defender la ley en la gran ciudad del Mundodisco. En los libros se muestra el paso de una guardia destartalada y formada por tres personas a una fuerza policial moderna y bien equipada. Se trata de novelas policíacas, cuyos misterios se entremezclan a menudo con temas políticos o sociales.    ## Datos del libro:

Título: ¡Guardias! ¡Guardias! Autor: Terry Pratchett Nº de páginas:: 400 Editorial: DeBolsillo Colección: Mundodisco

Sinopsis:

La Guardia Nocturna de la ciudad de Ank-Morkpok no tiene mucho trabajo. De los crímenes se ocupan los Gremios de Ladrones y de Asesinos, sin pasarse de una cuota fija al mes, por supuesto. Así, esta guardia destartalada y sin sentido de existencia consta de tan solo tres hombres: el capitán Vimes, el sargento Colon y el cabo Nobbs. Cuando un nuevo recluta, el idealista enano de casi dos metros llamado Zanahoria Fundidordehierroson, se integra en su equipo y no tiene mejor idea que arrestar a ladrones y asesinos haciendo cumplir la Ley, los tres veteranos guardias verán cómo su rutina se rompe. Y por si fuera poco, un dragón, criatura que se creía que ya no existía, ha aparecido en la ciudad, aunque a nadie parece interesarle mucho.### Citas:

La ciudad era una…, una…, una cosa de ésas. Una mujer. Eso, una mujer. Una mujer vieja y eso. Te seducía, te dejaba que te eso, que te enamoraras, y luego te daba una buena patada en eso, en…, en la… cosa con d… en la dengua…, no, en los dientes. Eso, eso es lo que hacía la muy…, la muy animal…, ya sabes, la mujer del bicho ese…, la zorra. Y entonces la odiabas, y justo cuando pensabas que ya la tenías en un…, en un…, bueno, en un ése…, te abría su enorme corazón podrido y te cogía de impra… impre… improviso. Eso. Nunca sabías a qué atentarte…, atontarte…, atenerte. Lo único que sabías era que no podías soltarla. Porque era tuya, tuya hasta la última alcantarilla…

Se decía que, como una gran cantidad de magia puede distorsionar seriamente el mundo cotidiano, la biblioteca no obedecía las normas habituales de espacio y tiempo. Se decía que era infinita. Se decía que uno podía vagar días y días entre las estanterías más lejanas, que había tribus de estudiantes e investigadores perdidos, que en algunas zonas habitaban cosas extrañas, perseguidas por otras cosas aún más extrañas.

—¿Te importa darle un empujón? —dijo la voz desde dentro—. La Puerta del Conocimiento que No Debe Traspasar el Ignorante se atranca en cuanto caen cuatro gotas.

Se dice que los dioses juegan con las vidas de los hombres. Pero nadie sabe a qué juegan, ni por qué, ni quiénes son los peones, ni cuáles son las reglas del juego.

Los tengo atrapados, pensó el Gran Maestro Supremo. Dioses, qué bien se me da esto. Puedo tocar sus sucios cerebros como si fueran un xilófono. El poder de lo vulgar es increíble. ¿Quién habría pensado que la debilidad sería una energía mucho más poderosa que la fuerza? Pero hay que saber canalizarla. Y yo sé.

El bibliotecario puso los ojos en blanco. Tenía la sensación de que era muy extraño que los perros, caballos o delfines denominados inteligentes nunca tuvieran problemas para comunicar a los humanos noticias vitales, por ejemplo, que había tres niños perdidos en una cueva, o que el tren estaba a punto de desviarse por una vía hacia un puente derrumbado, o cosas semejantes, mientras que a él, a tan sólo unos cromosomas de vestir chaleco, le parecía dificilísimo convencer a un humano para que entrara de la calle si estaba lloviendo. Con algunas personas no se podía hablar.

Una anomalía, pensó Vimes. No sabía muy bien qué significaba exactamente la palabra, pero se le ocurrían varias posibilidades desagradables. Parecía referirse a lo que queda de ti cuando te han quitado todo lo que tienes de valor. Como la Guardia, pensó. Todos eran anomalías, del primero al último. Igual que él. Era la historia de su vida.

—Está ahí fuera —aseguró Nobby—. Parece que, durante las horas del día, no vuela. Debe de estar en su madriguera secreta, sobre un montón de oro, soñando con cosas de antes del amanecer de los tiempos, aguardando a que caiga el velo de la noche y una vez más pueda remontarse… —Titubeó un instante—.

Este asunto místico era una maravilla. Les cuentas una mentira, y cuando ya no la necesitas más les cuentas otra, y les dices que están progresando en el camino de la sabiduría. Entonces, en vez de reírse, te siguen todavía más, con la esperanza de encontrar la verdad al final de todas las mentiras. Y así, poco a poco, aceptan lo inaceptable. Sorprendente.

Una vez eliminado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad. El problema estribaba en decidir qué era lo imposible, claro. Eso era lo difícil.

A veces, la gente era idiota. Pensaban que la biblioteca era un lugar peligroso por culpa de los libros mágicos, cosa que era cierta. Pero lo que la convertía de verdad en uno de los lugares más peligrosos del mundo era el hecho de ser una biblioteca.

Ahora entiendo lo que quería decir el capitán, pensó. No me extraña que siempre se emborrachara antes de empezar a pensar sobre las cosas. Siempre nos derrotamos A nosotros mismos antes de empezar. Si le das un palo a un ciudadano de Ankh-Morpork, se matará a golpes.

Vimes: nunca confíes en un gobernante que deposita su fe en túneles, refugios y rutas de escape. Lo más probable es que no esté dedicándose de pleno a su trabajo.

No puede ser así, pensó enloquecido. El héroe llega siempre a tiempo. En el momento justo, pero a tiempo. Por los pelos, pero a tiempo. Pero lo más probable era que el momento de llegar a tiempo hubiera pasado hacía cinco minutos. Y yo no soy un héroe. No estoy en forma, y necesito una copa, y necesito una paga de cien dólares al mes sin extra para plumas. Ésa no es la paga de un héroe. El héroe se lleva reinos y princesas, y hace ejercicio a menudo, y cuando sonríe la luz arranca destellos de sus dientes, ting. El muy hijo de puta.

—Baja esa espada —ordenó Vimes, mientras, tras él, Zanahoria se sacudía los trocitos de puerta del puño. —¡Eso! —lo apoyó Nobby, aventurando un vistazo desde detrás del capitán—. ¡Ponte contra la pared, y que yo te las vea bien, hijoputa! —¿Eh? —susurró el sargento Colon, con ansiedad—. ¿Qué quieres verle? Nobby se encogió de hombros. —Ni idea —dijo—. Supongo que todo. Hay que ir sobre seguro.

Era uno de esos instantes en los que los pantalones del tiempo se bifurcaban, y si uno no tenía cuidado, podía acabar en la pernera equivocada…

—Creo que la vida te resulta tan complicada porque piensas que hay gente buena y gente mala —empezó el hombre—. Pero te equivocas, desde luego. Únicamente hay gente mala, lo que pasa, es que algunas personas ocupan posiciones enfrentadas. —Es un inmenso mar de maldad —dijo, casi como hablar de una propiedad suya—. Poco profundo en algunas zonas, claro, pero enorme, terriblemente profundo en otras. Siempre hay gente como tú que construye frágiles barquitas de normas e intenciones vagamente buenas, y decís que eso es lo bueno, lo que triunfará al final. ¡Es increíble! —Ahíabajo —siguió—, hay gente que seguirá a cualquier dragón, que adorará a cualquier dios, que cerrará los ojos ante cualquier iniquidad. Aceptarán toda maldad cotidiana. No es la maldad creativa, aguda, de los grandes pecadores, sino una especie de oscuridad masiva de las almas. Pecado sin originalidad, se podría decir. Aceptan el mal, no porque digan sí, sino porque no dicen no. Lo lamento si esto te ofende —añadió, dando unas palmaditas en el hombro del capitán—, pero los que son como tú nos necesitan.

********## Datos del libro:

Título: Hombres de armas Autor: Terry Pratchett Nº de páginas:: 352 Editorial: DeBolsillo Colección: Mundodisco

Sinopsis:

«¡Sé un HOMBRE en la Guardia de la Ciudad! ¡La Guardia de la Ciudad necesita HOMBRES!» Hasta ahora, sin embargo, la Guardia Nocturna solo cuenta con el cabo Zanahoria (técnicamente un enano), el agente Cuddy (realmente un enano), el agente Detritus (un troll), la agente Angua (una mujer... la mayor parte del tiempo) y el cabo Nobbs (descalificado de la carrera evolutiva por hacer trampas). Y necesitan toda la ayuda que puedan conseguir. Porque hay un asesino suelto en las calles, con un arma nueva y mortífera y, lo más peligroso, un PLAN para devolver a la ciudad de Ankh-Morpork su grandeza perdida. Además, tienen que desenmascararlo antes del mediodía, cuando el capitán Vimes devuelva su placa y se case con la mujer más rica de la ciudad. Comparado con lo que les viene encima, acabar con aquel dragón que atacó la ciudad hace un tiempo resultó fácil, ¡hasta enfrentarse a un ejército de enanos sería más fácil! Y si la tarea es complicada para un cuerpo de vigilancia normal, para la Guardia Nocturna puede convertirse, literalmente, en un auténtico «rompecocos»...### Citas:

—Mi aya me dijo que un auténtico rey podía sacar una espada de una piedra —dijo el vizconde Patinador. —Ja, sí, y también podía curar la caspa —dijo lord Óxido—. Eso no es más que una leyenda. No es real. Y de todos modos, esa historia siempre me ha tenido un poco perplejo. ¿Qué hay de difícil en eso de sacar una espada de una piedra? El trabajo de verdad ya está hecho. Lo que deberías hacer es moverte y buscar al hombre que clavó la espada en la piedra en un principio, ¿eh?

Si los traidores y los hombres sin honor no eran capaces de ver la verdad, entonces él, Edward de M'uerthe, era el dedo del Destino.

La razón por la que los ricos eran ricos, razonaba Vimes, era que se las arreglaban para gastar menos dinero. Tomemos el caso de las botas, por ejemplo. Él ganaba treinta y ocho dólares al mes más complementos. Un par de botas de cuero realmente buenas costaba cincuenta dólares. Pero un par de botas, las que aguantaban más o menos bien durante una o dos estaciones y luego empezaban a llenarse de agua en cuanto cedía el cartón, costaban alrededor de diez dólares. Aquella era la clase de botas que Vimes compraba siempre, y las llevaba hasta que las suelas se quedaban tan delgadas que le era posible decir en qué lugar de Ankh-Morpork se encontraba durante una noche de niebla solo por el tacto de los adoquines. Pero el asunto era que las botas realmente buenas duraban años y años. Un hombre que podía permitirse gastar cincuenta dólares disponía de un par de botas que seguirían manteniéndole los pies secos dentro de diez años, mientras que un pobre que solo podía permitirse comprar botas baratas se habría gastado cien dólares en botas durante el mismo tiempo y seguiría teniendo los pies mojados. Esa era la teoría «Botas» de la injusticia socioeconómica del capitán Samuel Vimes.

Los enanos y los trolls se llevan como la tiza y el queso. Muy como la tiza y el queso, en realidad. Uno es orgánico y la otra no lo es, y además huele un poquito a queso. Los enanos se ganan la vida triturando rocas con minerales valiosos dentro de ellas y la forma de vida basada en el silicio conocida como troll es, básicamente, roca con minerales valiosos dentro. En estado salvaje pasan la mayor parte de horas de luz durmiendo, y esa no es una situación en la que una roca que contiene minerales valiosos quiera encontrarse cuando hay enanos por los alrededores. Y los enanos odian a los trolls porque, cuando acabas de encontrar una veta interesante de minerales valiosos, no te hace ninguna gracia que las rocas se incorporen súbitamente y te arranquen el brazo porque acabas de clavarles la punta de un zapapico en la oreja.

—A la gente no le gusta nada la palabra «chantaje» —dijo. —No es la única palabra que no les gusta —dijo el perro—. Tomemos mi caso, por ejemplo. Tengo inteligencia crónica. ¿Le sirve eso de algo a un perro? ¿Pedí tenerla? Pues no, créeme. Da la casualidad de que encontré un sitio cómodo donde pasar mis noches junto al edificio de Magia de Altas Energías en la Universidad. Nadie me dijo nada acerca de toda aquella dichosa magia que se iba filtrando fuera todo el rato y cuando abro los ojos, lo primero que noto es que la cabeza me empieza a sisear como una dosis de sales digestivas, oh-oh, pienso yo, ya estamos otra vez, hola conceptualización abstracta y vamos allá con lo del desarrollo intelectual… ¿De qué demonios me sirve eso a mí? La última vez que ocurrió, terminé salvando el mundo de unos horribles comosellamen llegados de las Dimensiones Mazmorra, ¿y alguien me dio las gracias por ello? ¿Qué Perro Tan Bueno, Dadle Un Hueso? Jua, jua. —Extendió una pata pelada—. Me llamo Gaspode. Algo por el estilo suele ocurrirme una vez a la semana. Aparte de eso, solo soy un perro.

—Pero eso no está bien, ¿comprendes? Me refiero a que haya un hombre que tenga poder sobre la vida y la muerte. —Pero si es un buen hombre… —empezó a decir Zanahoria. —¿Qué? ¿Qué? De acuerdo, de acuerdo. Vamos a suponer que es un buen hombre. Pero el que actúa como su mano derecha… ¿él también es un buen hombre? Ya puedes esperar que lo sea. Porque él también es el gobernante supremo, en nombre del rey. Y el resto de la corte… tienen que ser hombres buenos. Porque con que solo uno de ellos sea un hombre malo, el resultado será soborno y prebendas. —El patricio es un gobernante supremo —observó Zanahoria. Luego saludó con una inclinación de cabeza a un troll que pasaba por allí—. Buenos días, señor Carbúnculo. —Pero no lleva una corona ni se sienta en un trono, y no te dice que es justo que él deba gobernar —dijo Vimes—. Odio a ese bastardo. Pero es honesto. Sí, Vetinari es tan honesto como un sacacorchos. —Aun así, si el rey fuera un buen hombre… —¿Sí? ¿Y entonces qué? La realeza le ensucia la mente a las personas, muchacho. Los hombres honestos empiezan a inclinarse y a hacer reverencias por el mero hecho de que el abuelo de alguien fue un bastardo asesino más grande que el de ellos. ¡Escúchame bien! ¡Probablemente hubo un tiempo en el que tuvimos buenos reyes! ¡Pero los reyes engendran otros reyes! ¡Y al final la sangre siempre impone su ley, y terminas teniendo una pandilla de bastardos arrogantes y asesinos! ¡Que le cortan la cabeza a una reina y luchan con sus primos cada cinco minutos! ¡Y tuvimos siglos enteros de eso! ¡Y entonces un día un hombre dijo «No más reyes», y nos levantamos en armas y luchamos contra los putos nobles y sacamos a rastras al rey de su trono, y lo llevamos a rastras hasta la plaza Sator y le cortamos la maldita cabeza! ¡Un trabajo bien hecho, créeme!

La comprensión, que había estado flotando en el límite de la consciencia de Bjorn, finalmente consiguió hacerse presente. Eso era lo bueno que tenía la muerte. Cuando te ocurría a ti, siempre eras de los primeros en enterarse.

Había tales cosas como los dioses enanos. Los enanos no eran una especie religiosa por naturaleza, pero en un mundo donde los maderos que sostenían las galerías de una mina podían partirse sin advertencia previa y las bolsas de gas podían estallar súbitamente, los enanos enseguida se habían percatado de que necesitaban tener dioses como una especie de equivalente sobrenatural al casco de seguridad. Además, cuando te dabas en el pulgar con un martillo de cuatro kilos siempre resultaba agradable poder blasfemar. Hay que ser un tipo de ateo muy especial y tener mucha voluntad para dar saltos con una mano metida debajo del otro sobaco mientras gritas «¡Oh, dichosas fluctuaciones-aleatorias-en-el-continuo-espacio-temporal!», o «¡Aaargh, condenado concepto-primitivo-y-pasado-de-moda-sin-ninguna-base-lógica!».

No, lo que le ocurre a él es que sufre una pequeña divergencia geográfica en el hemisferio financiero.

Y luego, naturalmente, estaban las leyes del azar. Dichas leyes tienen un papel mucho más grande en el procedimiento policial de lo que le gustaría tener que admitir a la causalidad narrativa. Por cada asesinato resuelto a través del cuidadoso descubrimiento de una pisada vital o una colilla de cigarrillo, había cien asesinatos que no se resolvían porque el viento había empujado unas cuantas hojas en la dirección equivocada o no había llovido la noche anterior. Por eso muchos crímenes se resuelven gracias a un accidente afortunado: porque un coche se detiene por casualidad, por una observación que se escucha por azar, porque resulta que alguien de la nacionalidad apropiada se encuentra a menos de diez kilómetros de la escena del crimen sin tener coartada…

—Sueñas con volar —dijo. —Oh, sí. Entonces los hombres serían libres de verdad. Desde el aire, no hay límites ni fronteras. No podría haber más guerra, porque el cielo es inacabable. Cuan felices seríamos, solo con que pudiéramos volar.

—Es mejor encender una vela que maldecir a la oscuridad, capitán. Eso es lo que dicen.

Quirke era una de esas personas que retroceden cuando se las ataca vigorosamente, pero que atacan sin piedad a todo lo que sea débil—. ¿Dónde está el chupapiedras? —preguntó—. ¿Y la roca? —Ah —dijo Vimes—, ¿se está refiriendo a esos miembros representativos de nuestras especies hermanas en la inteligencia que han elegido unir su suerte a la gente de esta ciudad? —Me refiero al enano y al troll —dijo Quirke.

En todos los mundos agraciados con su presencia se sospecha que los orangutanes saben hablar pero optan por no hacerlo por si acaso los humanos los ponen a trabajar, posiblemente en la industria de la televisión. De hecho, los orangutanes saben hablar. Es solo que hablan en orangután. Los humanos, por su parte, solo son capaces de escucharlo en el idioma Perplejidad.

Zanahoria podía mandar ejércitos, pensó Angua. Realmente podía hacerlo. Algunas personas han servido de inspiración a países enteros, llevándolos a hacer grandes proezas, debido al poder de su visión. Y él también podía hacerlo. No porque sueñe con hordas en marcha, o la dominación del mundo, o un imperio de un millar de años. Es solo porque piensa que todas las personas son decentes en el fondo y que se llevarían estupendamente bien solo con que hicieran ese pequeño esfuerzo, y lo cree tan apasionadamente que esa convicción arde como una llama que es todavía más grande que él. Zanahoria tiene un sueño y todos formamos parte de él, de tal manera que ese sueño moldea al mundo a su alrededor. Y lo curioso es que nadie quiere que se lleve una decepción. Sería como darle una patada al cachorro más grande del universo. Es una especie de magia.

—Sí —dijo Zanahoria—. Una cita es un compromiso de ver a alguien, mientras que una maza de armas es un gran trozo de metal utilizado para machacar cráneos salvajemente. Es muy importante no confundir una cosa con la otra, ¿verdad, señor…? —preguntó, levantando las cejas.

—Cielos —dijo Angua, cuando hubieron interpuesto varias calles entre ellos y la multitud de perros—. Está loco, ¿verdad? —No, la locura es cuando te sale espuma por la boca —dijo Gaspode—. Gran Fido está desquiciado. Eso es cuando te echa espuma el cerebro.

Eso no es lo que han visto, dijo Angua dentro de la intimidad de su propia cabeza. Te han visto a ti. Es como hipnotismo. La gente vive tu visión, pensó Angua. Tú sueñas, igual que Gran Fido, con la única diferencia de que él soñaba una pesadilla y tú sueñas para todos. Realmente piensas que todo el mundo es básicamente bueno. Y mientras están cerca de ti, todos los demás también lo creen por un instante.

********## Datos del libro:

Título: Pies de barro Autor: Terry Pratchett Nº de páginas:: 368 Editorial: DeBolsillo Colección: Mundodisco

Sinopsis:

Una historia de intriga en Mundodisco: dos asesinatos inexplicables, un largo envenenamiento y bastantes pistas falsas. Alguien está asesinando a ancianitos inofensivos en Ankh-Morpork y la Guardia de la Ciudad quiere saber quién es. También quiere saber otras muchas cosas, como quién está envenenando lentamente al patricio y dejando la ciudad sin gobierno. Y cómo lo hace. Y por qué los gólems se comportan de forma tan extraña últimammente. Y por qué todas las malditas pistas apuntan en la dirección equivocada. Y lo más inquietante de todo: cómo es posible que Nobby Nobbs (que necesita papeles firmados para demostrar que es un ser humano) esté recibiendo invitaciones para las fiestas más selectas de la ciudad. Todo un reto para el comandante Sam Vimes y su tropa multiétnica de la Guardia de Ankh-Morpork, en una historia de intriga con la que Pratchett demuestra una vez más que las investigaciones policiales en el Mundodisco siempre deparan más de una sorpresa.### Citas:

Angua se recordó a sí misma que Zanahoria no parecía tener en su alma ni un asomo de ironía. Se dijo a sí misma que no era culpa de él que lo hubieran criado unos enanos en una mina, y que realmente creyera que los trozos de piedra eran interesantes. La semana anterior habían visitado una fundición de hierro. Aquello también había sido interesante. Y sin embargo… sin embargo… era inevitable que Zanahoria cayera bien. Zanahoria caía bien hasta a la gente a la que detenía. Zanahoria caía bien hasta a las ancianas que vivían en medio de un olor permanente a pintura fresca. Zanahoria le caía bien a ella. Muy bien. Lo cual iba a hacer que fuera mucho más difícil dejarlo.

El rumor es información destilada tan finamente que puede filtrarse por cualquier parte. No le hacen falta puertas ni ventanas, y a veces ni tan solo le hace falta gente. Puede existir libre y en estado salvaje, saltando de oreja en oreja sin siquiera tocar unos labios.

«Carisma —pensó Vimes—. Oh, sí. Zanahoria tiene carisma. Hace que pase algo en la cabeza de la gente. Puede convencer a un leopardo en plena carga para que se rinda y entregue sus dientes y se dedique a hacer trabajo benéfico para la comunidad, y eso sí que molestaría muchísimo a las ancianitas.

No se lo digas a nadie, Ron, pero es porque ahora mea alto. —¿En serio? Pues iré a poner serrín en los estantes.

El mundo real era demasiado real para ir dejando pequeños indicios ordenados. Estaba demasiado lleno de cosas. No era eliminando lo imposible como uno llegaba a la verdad, por improbable que esta fuera. Era mediante el proceso mucho más difícil de eliminar las posibilidades. Había que trabajar incansablemente, haciendo preguntas con paciencia y examinando las cosas con atención. Había que caminar y hablar y en el fondo del corazón confiar con todas las fuerzas en que a algún cabrón le fallaran los nervios y acabara por descubrirse.

Bien, si fuera un tipo lleno de recursos como Sam Vimes o el capitán Zanahoria, encontraría… un clavo o algo para cortar aquellas cuerdas, ¿no? Estaban prietas de verdad, y se le clavaban en las muñecas de tan fina que era la cuerda: poco más que un cordel enrollado y anudado muchas veces. Si pudiera encontrar algo donde frotarlo… Pero por desgracia, y en contra de todo sentido común, a veces la gente arrojaba de forma desconsiderada a sus enemigos maniatados dentro de cuartos completamente desprovistos de clavos, útiles puntas afiladas de piedra, trozos de cristal roto o ni siquiera, en casos extremos, suficientes piezas de chatarra vieja o herramientas como para construir un coche blindado totalmente funcional.

En la oscuridad solamente podían tener lugar los crímenes. Los castigos tenían que hacerse a la luz del día. Ese era el trabajo de un buen guardia, decía siempre Zanahoria. Encender una vela en la oscuridad.

—Yo, Dorlf, En Espera Del Descubrimiento De Una Deidad Cuya Existencia Resista Un Debate Racional, Juro Por Los Preceptos Temporales De Un Sistema Moral Autoderivado…” —¿Cuáles son tus deberes? —preguntó Vimes. —Servir Al Interés Público, Proteger A Los Inocentes E Impactar En Posaderas A Base De Bien, Señor —dijo Dorfl. —Aprende rápido, ¿verdad? —dijo Colon—. Lo último ni siquiera se lo he dicho yo.

—Esto… ¿Para qué necesitas dinero, Dorfl? —Tengo Que Ahorrar Y Comprar Al Gólem Klutz Que Trabaja En La Fábrica De Encurtidos. Y Regalarlo A Sí Mismo. Luego Ganaremos Dinero Los Dos. Y Ahorraremos Para El Gólem Bobkes Que Trabaja Con El Mercader De Carbón. Los Tres Trabajaremos Y Compraremos Al Gólem Shmata Que Trabaja En El Sastre Siete-Dólares De La Calle De La Tarta De Melocotón. Luego Los Cuatro… —A alguna gente se le podría ocurrir liberar a sus camaradas mediante la fuerza y la revolución sangrienta —dijo Vimes—. No es que esté sugiriendo eso en absoluto, claro. —No. Eso Sería Robo. A Nosotros Se Nos Compra Y Se Nos Vende. Así Que Compraremos Nuestra Propia Libertad. Con Nuestro Trabajo. Nadie Más Lo Hará Por Nosotros. Lo Haremos Nosotros Mismos.

********## Datos del libro:

Título: Voto a Bríos! Autor: Terry Pratchett Nº de páginas:: 400 Editorial: DeBolsillo Colección: Mundodisco

Sinopsis:

La isla perdida de Leshp ha emergido inopinadamente de entre las aguas. Aparte de ser un reto arqueológico, este nuevo territorio ocupa una posición estratégica inmejorable en caso de guerra. Y por la curiosa lógica que suele prevalecer en estos casos, todos toman rápido las armas para reclamar su posesión. Ankh-Morpork, la mayor ciudad-estado del Mundodisco, y Klatch, el antiguo imperio desértico de los turbantes y los camellos, se preparan para verse las caras en el campo de batalla. Mientras se forman los regimientos, la Guardia de la Ciudad de AnkhMorpork se enfrenta a soflamas incendiarias, turbas callejeras, cierta aversión a los restaurantes exóticos y, por si fuera poco, al asesinato del embajador de Klatch, en cuya investigación empieza a cobrar sentido la Teoría del Segundo Arquero. El comandante Sam Vimes y su cada vez más variopinta tropa deberán salvaguardar la paz en la ciudad, tomada por una clase militar ansiosa de pelea, e intentar impedir el único crimen que increíblemente no es ilegal: la guerra. En esta entrega del Mundodisco se reúnen el género policíaco, los libros de aventuras y la novela bélica mezclados en la irónica coctelera de Terry Pratchett, que, como de costumbre, resulta más hilarante cuanto más serio es el tema que trata.### Citas:

Tal como sabe cualquier estudiante de exploración, el premio no se lo lleva el primer explorador que pone el pie sobre suelo virgen, sino el primero que se lleva ese pie a casa. Y si todavía lo lleva unido a la pierna, mejor que mejor.

—¿La Ballesta «Último Viaje» de Trescientos Kilos Montada en Carro y con Diez Recámaras? —dijo—. Y, déjeme ver… ¿el Lanzador Automático «Meteoro» de Estrellas Arrojadizas, decapita a veinte pasos, le devolvemos el dinero si no queda totalmente decapitado.

—Bueno, porque a lo largo de nuestra historia a aquellas que no hemos ocupado hemos tendido a declararles la guerra —dijo lord Vetinari—. Por alguna razón el exterminio de millares de personas suele quedarse en la memoria. —Bah, la historia —dijo lord Selachii—. ¡Ya está en el pasado! —Es donde suele estar la historia, cierto —dijo el patricio en tono solemne. —Lo que quería decir es: ¿por qué no les caemos bien ahora? ¿Les debemos dinero? —No. Sobre todo son ellos quienes nos deben a nosotros. Lo cual, por supuesto, es una razón de mayor peso para que les caigamos mal.“> —Los impuestos, caballeros, se parecen mucho a las vaquerías. La tarea es extraer la cantidad máxima de leche con el mínimo de mugidos. Y me temo que últimamente lo único que obtengo son mugidos.

El sargento Colon había tenido una amplia educación. Había estado en la escuela de Mi Padre Siempre Decía, la universidad de Es De Cajón y ahora era estudiante de posgrado en la facultad de Me Lo Ha Dicho Un Tío En El Pub.

—Bueno, está… —Colon se registró el cerebro—. Está el álgebra. Es como sumas pero con letras. Para… para la gente que no tiene el cerebro lo bastante listo para los números, ¿sabes? —¿En serio? —Claro —afirmó Colon—. De hecho —continuó, con un poco más de decisión ahora que veía el camino despejado—. Le oí decir a un mago de la universidad que los klatchianos inventaron la nada. Esa fue su gran contribución a las mates, decía. Yo dije: «¿el qué?», y él dijo: pues que descubrieron el cero. —Pues a mí no me parecen tan listos —dijo Nobby—. La nada la puede inventar cualquiera. Yo no he inventado nada, por ejemplo. —A eso iba yo —dijo Colon—. Yo le dije: es la gente que inventó números como el cuatro, y, y… —… el siete… —… eso, los que fueron unos genios. La nada no hacía falta inventarla. Ya estaba allí. Seguramente se la encontraron y ya está. —Es porque tienen tanto desierto —dijo Nobby. —¡Eso! Bien dicho. El desierto. Que como sabe todo el mundo, es básicamente nada. Para ellos la nada es un recurso natural. Es de cajón. Mientras que nosotros somos más civilizados, ¿ves?, y tenemos muchas más cosas que ir contando por ahí, así que inventamos los números. Es como… bueno, se dice que los klatchianos inventaron la astronomía… —La altronomía —aportó Nobby. —No, no… no, Nobby, supongo que para entonces ya habían descubierto las eses, probablemente nos las birlaron a nosotros… Además, la astronomía la tenían que inventar por fuerza, porque no tienen ni una mierda que mirar más que el cielo. Cualquiera puede mirar las estrellas y ponerles nombres. En todo caso, llamar invento a eso es pasarse un poco. Nosotros no vamos por ahí diciendo que hemos inventado algo solamente porque le hayamos echado un vistazo.

—¿Quieres decir que tú…? —empezó a decir—. Que tú quieres… que estás buscando… —Oh, no busco solamente… o sea, si uno quiere las cosas hechas como es debido… O sea, no —dijo Nobby en tono de reproche—. Lo que digo es que, cuando uno se hace mayor, ya sabe, piensa en sentar la cabeza, encontrar a alguien que vaya cogido de la mano con uno por esa carretera accidentada que es la vida… ¿Por qué tiene la boca abierta? Angua la cerró de golpe. —Pero es que no conozco a chicas —continuó Nobby—. Bueno, o sea, sí que conozco a chicas, y entonces ellas se van corriendo.

—¿Exactamente como las nueve o así? —preguntó, sacándose una cajita del bolsillo y abriendo la tapa. El demonio que había dentro le dedicó una mirada iracunda. —Ayer —dijo el demonio— me dijo, y cito, que si No Paraba de Decir Cosas como «Exactamente las Ocho y Cincuenta y Seis con Seis Segundos» iba a Acabar Mirando un Martillo Desde Debajo. Y cuando yo dije, señor Inserte Nombre Aquí, que eso invalidaría mi garantía, usted me dijo que cogiese mi garantía y… —Creí que había perdido usted esa cosa —dijo Zanahoria. —Ja —dijo el Des-organizador—. ¿En serio? ¿Eso creías? Yo no diría que meter algo en el bolsillo de los pantalones justo antes de ponerlos en la colada sea «perderlo». —Fue un accidente —murmuró Vimes. —¿Oh? ¿Oh? Y echarme al cuenco de la comida del dragón, ¿eso también fue un accidente, entonces? —El demonio murmuró un momento para sí mismo y luego dijo—: En fin, ¿quiere usted saber sus citas para esta tarde? Vimes miró las ruinas humeantes de la embajada. —A ver —dijo. —No tiene ninguna —se enfurruñó el demonio—. No me ha dicho usted ninguna. —¿Lo ves? —dijo Vimes—. ¡Eso es justo lo que me pone furioso! ¿Por qué te las tengo que decir yo a ti? ¿Por qué no me dices tú a mí: «A las ocho o así: dispersar un disturbio en Manduca Mundana y evitar que Detritus dispare a la gente», eh? —¡No me dijo que se lo dijera! —¡No lo sabía! ¡Y así es como funciona la vida real! ¿Cómo te voy a decir yo que me avises de cosas que nadie sabe que van a pasar? ¡Si sirvieras para algo, ese sería tu trabajo! —Escribe en el manual —dijo el demonio en tono malévolo—. ¿Lo sabíais todos? Este hombre escribe en el manual. —Bueno, claro que tomo notas… —En realidad está intentando llevar secretamente su agenda en el manual para que su esposa no se entere de que nunca se ha molestado en aprender a usarme —dijo el demonio. —¿Y qué me dices del manual de Vimes, eh? —levantó la voz Vimes—. ¡Veo que tú nunca te has molestado en aprender a usarme a mí! El demonio vaciló un momento. —¿Los humanos vienen con manual? —preguntó. —¡Pues sería una idea cojonuda! —dijo Vimes. —Cierto —murmuró Angua. —Podría decir cosas como: «Capítulo uno: Bíngueli-bíngueli biip y otras malditas estupideces que chillarle a la gente a las seis de la mañana» —dijo Vimes con una mirada desquiciada—. Y «Preguntas frecuentes: mi propietario sigue intentando tirarme por el retrete, ¿qué estoy haciendo mal?». Y… Zanahoria le dio un golpecito amistoso en la espalda. —Yo de usted ficharía y me iría a casa, señor —dijo en tono amable—. Llevamos unos días muy ajetreados.

—Nobby, solamente estás intentando cabrearme, ¿verdad? Tú ya sabes de sobra que somos mejores que los klatchianos. Si no, ¿qué sentido tiene todo? Y además, si vamos a pelearnos con ellos, te pueden encerrar por ir por ahí hablando como un traidor. —¿Tú vas a luchar contra ellos, Fred? Fred Colon se rascó la barbilla. —Bueno, como militar experienciado que soy, supongo que voy a tener que… —¿Y qué vas a hacer? ¿Te vas a unir a un regimiento y vas a ir al frente? —Bueeeno… mi especialité es la instrucción, así que supongo que mejor me quedo aquí y entreno a los nuevos reclutas. —Aquí en la retaguardia, por decirlo así. —Todos tenemos que hacer nuestra parte, Nobby. Si fuera por mí, saldría disparado como una flecha para hacer que esos cabezatrapos probaran el acero frío. —¿Entonces no te preocupan esas espadas tan afiladas que tienen? —Me reiría de ellas con sorna, Nobby. —Pero ¿y si los klatchianos nos atacan aquí? Entonces tú estarías en el frente y el frente estaría en la retaguardia. —Voy a intentar que me destinen en la zona intermedia...

Y entonces se dio cuenta de por qué estaba pensando así. Era porque quería que hubiera conspiradores. Era mucho mejor imaginar a un grupo de hombres en una habitación llena de humo, enloquecidos e impulsados al cinismo por el poder y los privilegios, conspirando mientras se bebían su coñac. Uno tenía que aferrarse a aquella clase de imágenes, porque si no tal vez se viera obligado a afrontar el hecho de que las cosas malas pasaban porque la gente normal y corriente, la misma que cepillaba a su perro y contaba cuentos a sus niños en la cama, era capaz de salir después a la calle y hacerle cosas horribles a otra gente normal y corriente. Era mucho más fácil echarles la culpa a Ellos. Resultaba del todo deprimente pensar que Ellos eran Nosotros. Si eran Ellos, entonces nada era culpa de nadie. Pero si éramos Nosotros, ¿qué decía eso de Mí? Al fin y al cabo Yo soy uno de Nosotros. Por fuerza. Ciertamente nunca he pensado en Mí mismo como uno de Ellos. Siempre somos uno de Nosotros. Y son Ellos los que hacen las cosas malas.

Y a veces la avalancha depende de un solo copo de nieve. A veces a un guijarro se le concede la posibilidad de descubrir qué es lo que podría haber ocurrido… si tan solo hubiera rebotado en otra dirección.

—No me gusta ser estúuupido. Ya sé que la gente dice que ese troll Detritus es más tonto que… más tonto que… —… Que un bocadillo de ladrillos… —dijo Vimes, mirando la luz.

—Me alegra decirle, señor, que está claro que nuestra misión cuenta con aprobación divina, señor. Me refiero a la lluvia de sardinas que nos ha procurado sustento en plena hambruna, señor. —Nos picaba un poco el gusanillo, yo tampoco hablaría de ham… —Con todo el respeto, señor —dijo el agente Visita en tono firme—, la pauta está firmemente establecida, señor. Ya lo creo. Cuando los sykulitas fueron perseguidos en el desierto por las fuerzas de los mitolitas offlerianos, señor, les procuró sustento una lluvia de galletas celestiales, señor. De chocolate, señor. —Un fenómeno perfectamente natural —murmuró el agente Shoe—. Probablemente las arrastró el viento al pasar por una pastelería… Visita lo fulminó con la mirada y siguió hablando: —Y los murmurianos no habrían sobrevivido cuando las tribus de Miskmik los empujaron a las montañas de no ser por una lluvia mágica de elefantes, señor… —¿Elefantes? —Bueno, de un elefante, señor —concedió Visita—. Pero salpicó. —Un fenómeno perfectamente natural —dijo el agente Shoe—. Probablemente al elefante lo levantó por los aires una extraña… —Y cuando les asaltaba la sed en el desierto, señor, las Cuatro Tribus de Khanli fueron socorridas por una repentina y sobrenatural lluvia de lluvia, señor. —¿Una lluvia de lluvia? —repitió Vimes, casi hipnotizado por la convicción absoluta de Visita. —Un fenómeno perfectamente natural —dijo Reg Shoe con un soplido de burla—. Lo más probable es que el agua se evaporara del océano, la arrastrara el viento por el cielo, se condensara en torno a una serie de núcleos al toparse con una masa de aire frío y se precipitara… —Se detuvo y continuó en tono irritado—. Y de todas formas, no me lo creo.

La noche siempre es antigua. El había recorrido demasiado a menudo las calles oscuras en las horas más secretas y había notado a la noche extenderse en la lejanía. Y había sabido en la sangre que aunque los días y los reyes y los imperios van y vienen, la noche siempre tiene la misma edad, siempre tiene eones de profundidad. En las sombras de terciopelo se desplegaban los terrores, y aunque la naturaleza de las garras pueda cambiar, la naturaleza de la bestia no lo hace.

Y una vez más el sargento Colon aprendió un secreto sobre la valentía. Podría decirse que era una especie de cobardía aumentada: el conocimiento de que aunque era posible que te estuviera esperando la muerte, si avanzabas iba a ser como un paseo en el campo comparada con el infierno seguro que te esperaría si decidieras retirarte.

El camello se puso de pie. Ahora la bandera, pensó Vimes, dadle la bandera. Cuando se va a la guerra, ha de haber una bandera. Como si lo hubiera oído, el agente Shoe le pasó la lanza con el trozo de tela fuertemente enrollado alrededor. El agente parecía orgulloso. La había cosido él mismo bajo medidas de gran secretismo media hora antes. Un punto a favor de los zombis es que nunca te faltaban aguja e hilo si había uno cerca. Pero no la despliegues, pensó Vimes. No dejes que la vean. Les basta con saber que están marchando debajo de una bandera. Zanahoria alzó la lanza sobre su cabeza. —Y os prometo esto —gritó—. Si triunfamos, nadie lo recordará nunca. ¡Y si fracasamos, nadie lo olvidará! Probablemente uno de los peores gritos de guerra, pensó Vimes, desde el famoso «¡Vamos a que nos rebanen el cuello, chicos!» del general Pidley, pero obtuvo una ovación enorme. Y una vez más especuló con la posibilidad de que hubiera magia funcionando a algún nivel profundo. La gente seguía a Zanahoria por pura curiosidad. —Muy bien, ya tiene un ejército, supongo —dijo Ahmed—. ¿Y ahora qué? —Yo soy policía. Usted también. Va a haber un crimen. Monte su camello, Ahmed.

La competencia de remo consta de los equipos corriendo sobre el río Ankh. Es seguro mientras no se queden quietos.

********## Datos del libro:

Título: El quinto elefante Autor: Terry Pratchett Nº de páginas:: 400 Editorial: DeBolsillo Colección: Mundodisco

Sinopsis:

Si lord Vetinari, el taimado gobernante de la metrópoli de Ankh-Morpork, quería alguien con tacto y diplomacia para que representara a la ciudad durante la ceremonia de coronación del nuevo rey electo de los enanos en el distante país de Überwald, ¿por qué -se pregunta Sam Vimes- lo ha escogido a él? Lord Vetinari quiere echarle a los lobos. Y a los enanos. Y a los vampiros. Porque éstas son las tres mayorías que gobiernan el vasto y feudal reino de Überwald. Donde se extrae el mejor sebo para velas y cirios, del que es absolutamente dependiente la ciudad de Ankh-Morpork. Así que esta misión diplomática es también una misión económica encubierta, para lo cual un curioso funcionario de palacio acompañará a los nuevos embajadores: él se encargará de todos los susurros y guiños mientras Vimes se dedique a servir los sándwiches de pepinillo. Aunque no le apetezca, sir Samuel Vimes, comandante de la Guardia de la Ciudad, no va a poder negarse a la orden de lord Vetinari, y pronto parte con su séquito hacia Überwald, donde deberá resolver un misterio inesperado…### Citas:

Forma parte de la naturaleza del universo que la persona que siempre te hace esperar diez minutos estará lista con diez minutos de antelación el día en que tú te retrases diez minutos, y además te dejará bien claro que no lo está mencionando.

—¡No me pueden ascender! ¡Yo no soy oficial! ¡Soy vulgar, común y popular! —Yo siempre lo he dicho de ti, Fred. Eres ordinario hasta la médula. —¡Pero está escrito, Nobby! ¡Mira, su señoría lo ha firmado! —Bueeeno, tal como yo lo veo tienes tres opciones —dijo Nobby. —¿Sí? —Puedes ir y decirle que no piensas hacerlo… El pánico de la cara de Colon fue reemplazado por un terror gris de ojos vidriosos. —Muchas gracias, Nobby —dijo amargado—. Avísame si tienes más propuestas como esa, porque voy a tener que ir a cambiarme la ropa interior. —O puedes aceptar y cagarla tanto que él te acabe echando… —¡Estás haciendo esto a propósito, Nobby! —Puede valer la pena probarlo, Fred. —Sí, pero lo que pasa con las cagadas, Nobby, es que es difícil hacerlas, ya sabes, con precisión. Puedes pensar que la estás cagando un poco y de pronto te explota en la cara y resulta que en realidad es una cagada enorme, y bajo esas circunstancias, Nobby, me preocupa un poco que lo que su señoría pueda quitarme no sea solamente el trabajo. Espero que no haga falta que te lo dibuje. —Tienes razón, Fred. —Lo que estoy diciendo es que las cagadas son como… bueno, las cagadas son… bueno, lo que tienen las cagadas es que nunca sabes lo grandes que van a ser. —Bueno, Fred, la tercera opción es que des la cara.

—¡Estoy cortando las ramas muertas, señor! ¡Haciendo la Guardia más delgada y ágil, señor! —Ya veo. El número de cargos disciplinarios internos que ha presentado contra sus hombres —y aquí el patricio sacó un documento mucho más abultado—, parece algo excesivo. Veo no menos de ciento setenta y tres acusaciones de mirar por encima del hombro, oír por debajo de la nuca y oler por detrás del codo, por ejemplo. —¡Señor! —¿Oler por detrás del codo, capitán en funciones? —¡Señor! —Oh. Y también hay, ah, sí, un cargo de «hacer que se le caiga un brazo de forma insubordinada» presentado contra el agente Shoe. El comandante Vimes siempre habla maravillas de este agente. —¡Es un mal bicho, señor! ¡En los muertos no se puede confiar! —Y parece que en la mayoría de los vivos tampoco.

—Pero entiéndalo, excelencia, no está usted aquí en calidad de individuo, sino en calidad de Ankh-Morpork. Cuando la gente lo mira a usted, lo que ven es la ciudad, ujum-ujum. —¿Ah, sí? ¿Debería dejar de lavarme? —Muy ingenioso, señor. Pero entiéndalo, señor, usted y la ciudad son la misma cosa. Ujum-ujum. Si lo insultan a usted, están insultando a Ankh-Morpork. Si hace usted amigos, los está haciendo Ankh-Morpork. —¿En serio? ¿Y qué pasa cuando voy al lavabo? —Eso es cosa de usted, señor. Ujuum-ujumf.

—Puede que tengas un talento natural sin descubrir —dijo Angua—. Pero a nadie lo forzaban a correr, a eso me refiero. No pienso poner ni una excusa. He sido guardia en Ankh-Morpork, recuerda. El lema de la ciudad es «Puede que no te maten». —En realidad, es… —¡Zanahoria! Ya lo sé. Y nuestro lema familiar es «Homo homini lupus». ¡El hombre es un lobo para los demás hombres! Menuda estupidez. ¿Crees que quieren decir que los hombres son tímidos y retraídos y leales y que solamente matan para comer? ¡Claro que no! ¡Lo que quieren decir es que los hombres actúan como hombres con los demás hombres, y cuanto peor se comportan, más piensan que les encantaría ser lobos! Los humanos odian a los hombres lobo porque ven el lobo que tenemos dentro, pero los lobos nos odian porque ven a nuestro humano interior… ¡y no los culpo!

—Gavin era una criatura muy noble. Siento que haya muerto. Estoy seguro de que nos habríamos llevado bien. Y lo dices completamente en serio, pensó Vimes. Estoy seguro. Pero a ti te ha salido todo bien, ¿verdad? Siempre te sale. Si hubiera sido al revés, si hubiera sido Gavin el primero en atacar a Wolf, entonces sé que habrías sido tú el que cayera por la cascada con ese hijo de puta. Pero no fuiste tú, ¿verdad? Si fueras un par de dados, siempre sacarías seises. Y los dados no se tiran a sí mismos. Si no fuera en contra de todo lo que él quería que fuera cierto en el mundo, Vimes podría haber creído en ese preciso momento que era el destino el que controlaba a la gente. Y que los dioses ayudaran al resto de los presentes cuando había un gran destino vivo en el mundo, distorsionando hasta al último pobre mamón para que encajara con él… Se preguntó, y no por primera vez, aunque tal vez sí por primera vez de forma tan articulada que casi movió los labios, si alguna vez, un día, él tendría que interponerse en su camino…

Cuando un hombre lobo pelea contra otro, ambas formas tienen sus ventajas. Es una pugna eterna por obtener una posición donde las manos sean mejores que las garras. Y las formas corporales tienen vida propia, un atributo peligroso si se le permite actuar por su cuenta. El instinto de un gato es saltar sobre cualquier cosa que se mueva, pero esa no es una acción correcta si lo que se mueve tiene una mecha chispeante. La mente tiene que luchar con su propio cuerpo por el control y con el otro cuerpo por la supervivencia. Mezclando todas estas cosas, el ruido resultante sugiere que hay cuatro criaturas dentro de la bola arremolinada de furia. Y que cada una de ellas ha traído a varios amigos. Y que a ninguno de ellos le cae bien ninguno de los otros.

********## Datos del libro:

Título: Ronda de noche Autor: Terry Pratchett Nº de páginas:: 400 Editorial: DeBolsillo Colección: Mundodisco

Sinopsis:

Sam Vimes, de la Guardia Nocturna de Ankh-Morpork, lo tenía todo, Pero ahora una tormenta lo ha envíado de regreso a su tumultuoso y violento pasado. Vivir en el pasado resulta duro, aunque morir allí sea increíblemente sencillo. Vimes debe sobrevivir a toda costa, porque tiene trabajo por delante: calzarse unas botas de suelas desgastadas para seguir la pista a un asesino maníaco, enseñar al joven que él mismo fue a ser un buen poli y, sobre todo, cambiar el final de una revolución sangrienta. Solo hay un problema: si lo hace bien, puede perder a su esposa, al hijo que está por nacer y todo su futuro. Ronda de noche, para muchos la mejor novela de Terry Pratchett, es la historia de una reuvelta en clave Mundodisco. Con altercados, disturbios, barricadas y una República Popular. Con granujillas, damas de afecto negociable, rebelde, policía secreta y otros hijos de la revolución. ¡Verdad! ¡Justicia! ¡Libertad! ¡Amor a precios razonables! Y un huevo duro…### Citas:

—¿Ha buscado usted por todas partes? —No puede buscar por todas partes en esta biblioteca, señor —dijo Ponder—. Se tardaría más tiempo del que puede llegar a existir. Pero sí en todas las estanterías mundanas, ciertamente. Hum. Zanahoria se giró hacia Ponder. —¿A qué venía ese «hum», por favor, señor? —¿Entiende usted que esta es una biblioteca mágica? ¿Y que eso quiere decir que hasta en circunstancias normales hay una zona de elevado potencial mágico por encima de las estanterías? —Ya he estado aquí antes —dijo Zanahoria. —Entonces sabrá usted que el tiempo en las bibliotecas es… un poco más flexible… —dijo Ponder—. Y dado el poder adicional de la tormenta, tal vez sea posible que… —¿Me va a decir usted que él se ha desplazado en el tiempo? —preguntó el agente de la Guardia. Ponder estaba impresionado. No le habían educado para pensar que los agentes de la Guardia fueran listos. Sin embargo, se cuidó de no mostrarlo. —Ojalá fuera tan simple —dijo—. Sin embargo, hum, el relámpago parece haber añadido un componente lateral aleatorio… —¿Un qué? —interrumpió Ridcully. —¿Quiere decir en el tiempo y también en el espacio? —dijo Zanahoria. Ponder sintió que se estaba poniendo nervioso. Los no-magos no tendrían que ser tan espabilados.

Estamos aquí, y esto es ahora. El agente Visita, estricto creyente en la religión omniana, citaba de vez en cuando aquella frase de su libro sagrado. Para Vimes quería decir, en el habla menos elevada de los polis, que toca hacer el trabajo que se tiene delante. Estoy aquí, pensó Vimes, y esto es entonces. Y las partes menos conscientes de su cerebro añadieron: aquí no tienes amigos. Aquí no tienes casa. No tienes meta en la vida. Aquí estás solo. No… solo no, dijo una parte que era mucho, mucho más profunda incluso que el terror, y que siempre estaba alerta. Alguien lo estaba vigilando.

—Quiero presentar una queja, sargento —dijo Vimes. —¿Sobre qué? —Sobre ti —dijo Vimes—. Y sobre los hermanos cuchufletas aquí presentes. No lo estáis haciendo bien. Si vais a detener a alguien, hay que hacerlo de inmediato. Lleváis una placa y un arma, ¿verdad? Y él tiene las manos en alto y la conciencia culpable. Todo el mundo tiene la conciencia culpable. Así que él se está preguntando qué sabéis de él y qué vais a hacer, y lo que vosotros hacéis es disparar preguntas una tras otra. No hay que soltar chistes tontos, porque eso te hace demasiado humano; tú le mantienes desorientado para que le cueste pensar una frase clara, y sobre todo no le dejas moverse así ni agarrarte el brazo y tirar hasta casi rompértelo y cogerte la espada y ponértela contra la garganta así. Di a tus hombres que bajen las espadas, ¿quieres? Si las siguen agitando así, le pueden hacer daño a alguien. El sargento soltó un gorgoteo. —Bien —dijo Vimes—. Vale, sargento… ¿esto es una espada? ¿Alguna vez la afilas? ¿Para qué la usas, para matar a la gente a porrazos? Ahora, lo que vais a hacer es dejar todas las armas en el suelo, ahí, y entonces yo voy a soltar al sargento y voy a largarme por ese callejón de ahí, ¿de acuerdo? Y para cuando volváis a tener las armas en las manos, y creedme que os aconsejo que os arméis antes de venir a por mí, yo ya estaré bien lejos. Y se acabó el problema. ¿Alguna pregunta? Los tres agentes de la Guardia quedaron en silencio. Entonces Vimes oyó un ruido muy débil y muy cercano. Era el susurro que dieron los pelos de sus orejas al entrarle, con gran cuidado, la punta de una flecha de ballesta en el oído. —Sí, señor, yo tengo una pregunta —dijo una voz detrás de su espalda—. ¿Alguna vez escucha usted sus propios consejos? Vimes sintió la presión de la ballesta contra su cráneo y se preguntó hasta dónde entraría la flecha si la mano apretaba el gatillo. Un par de centímetros ya serían demasiado. A veces no había más remedio que llevarse los palos. Vimes dejó caer la espada con un cuidado enorme y exagerado, soltó al sargento y se apartó dócilmente mientras el cuarto agente de la Guardia lo mantenía apuntado. —Voy a ir separando las piernas, ¿de acuerdo? —dijo. —Sí —gruñó el sargento, dándose la vuelta—. Sí, eso nos ahorrará algo de tiempo. Aunque para ti, amigo, tenemos toda la noche. Bien hecho, guardia interino. Todavía haremos de ti un agente como debe ser. —Sí, bien hecho —dijo Vimes, mirando fijamente al joven de la ballesta. Pero el sargento ya estaba tomando carrerilla.

El escritorio desordenado que era la memoria de Vimes por fin desenterró el despistado posavasos del recuerdo de debajo de la taza de té del olvido.

—Una letrina que descarga diez millones de años hacia el pasado no es buena idea, Barredor. Lamento haberte dejado que me convencieras. —Nos ahorra los cuatro peniques que pagábamos cada semana a los recogedores de Harry Rey, Qu, y eso no es moco de pavo. ¿Acaso no está escrito: «Quien guarda cuando tiene, come cuando quiere»? Además, todo aterriza en un volcán. Es perfectamente higiénico.

—Entonces… ¿os aseguráis de que pasen las cosas buenas? —No, no las buenas. Las correctas —dijo Barredor—. Pero con franqueza, últimamente ya nos cuesta lo suyo asegurarnos de que pase lo que sea. Antes pensábamos que el tiempo era como un río, que uno podía remar en un sentido y en el otro y regresar al mismo lugar. Luego descubrimos que actuaba como un mar, con lo cual uno también podía ir de lado a lado. Luego resultó ser como una bola de agua; también se podía ir hacia arriba y hacia abajo. En la actualidad pensamos que es como… bueno, como muchos espacios, todos enrollados entre sí. Y además hay saltos en el tiempo y lapsos en el tiempo y encima los humanos también lo enredan todo, perdiéndolo y ganándolo. Y luego está la cuántica, por supuesto. —El monje suspiró—. Siempre está la jodida cuántica. Así que entre una cosa y otra, ya nos parece un éxito que el ayer pase antes que el mañana, con franqueza. Usted, señor Vimes, se ha visto atrapado en una especie de… acontecimiento. No podemos arreglarlo, no como es debido. Pero usted sí.

Vimes siempre se había preguntado cómo había conseguido aquel hombre mantener el control, pero tal vez fuera porque los matones identificaban, de algún modo animal, a una mente que había llegado al matonismo por el camino largo y era capaz de concebir en nombre de la razón la clase de atrocidades que la sinrazón solo puede soñar.

—He conocido a unos cuantos hombres incorruptibles —prosiguió madam Meserole—. Tienden a morir unas muertes horripilantes. El mundo siempre restablece el equilibrio, ¿sabe? Un hombre corrupto en un mundo bueno, un hombre bueno en un mundo corrupto… la ecuación da el mismo resultado. Al mundo le cuesta tratar con la gente que no elige un bando.

—Ya se lo dije, señor Vimes. La historia siempre se sale con la suya. Es como un naufragio. Está usted nadando hacia la orilla. Las olas romperán sin importar lo que usted haga. ¿Acaso no está escrito: «Al mar no le importa hacia dónde nadan los pececillos»? La gente muere cuando les llega la hora…

—Sí… —muy despacio— Sí, creo que podemos ser de ayuda, comandante. Quiere usted saber que hay un futuro que lo espera. Quiere sostenerlo en la mano. Quiere sentir su peso. Quiere un punto de referencia para orientarse, un punto adonde dirigir su embarcación. Sí. Creo que en eso lo podemos ayudar… pero… —¿Sí? —Pero ha de volverse por encima de esa tapia y el sargento Keel ha de desempeñar su papel. Hacerse cargo hasta el final. Ha de dar las órdenes que le parezca correctas y serán las órdenes correctas. Ha de mantenerse firme. Hacer su trabajo.

—Nosotros hemos perdido a casi ochenta hombres —dijo el capitán. —¿Cómo? ¡Es terrible! —Bueno, unos sesenta son deserciones, por lo que se puede saber. Siempre pasa en esta clase de líos. Probablemente algunos solo hayan hecho una escapadita para ver a sus queridas madres. —Ah, bueno, desertores. Nosotros también tenemos a algunos. ¡En la caballería! ¿Cómo llamarías a la gente que abandona a su caballo? —¿Infantería? En cuanto al resto, bueno, por lo que veo solo seis o siete de ellos han caído ante una clara acción enemiga. A tres hombres los han apuñalado en callejones, por ejemplo. —A mí eso me parece acción enemiga.

********## Datos del libro:

Título: Zas! Autor: Terry Pratchett Nº de páginas:: 384 Editorial: DeBolsillo Colección: Mundodisco

Sinopsis:

En la batalla del valle de Koom los trolls tendieron una emboscada a los enanos, ¿o acaso fue al revés? Enanos y trolls de Ankh-Morpork están preparándose para celebrar el aniversario de la emboscada liándose a tortazos en plena calle. A eso se suma el misterioso asesinato de un enano integrista, que según los indicios ha muerto a manos de un troll. La posibilidad de que la espiral de violencia quede fuera de control obliga al comandante Sam Vimes a iniciar una investigación. Otra excelente novela del Mundodisco sobre la intolerancia racial, las guerras y lo necesario que es adoptar de vez en cuando el punto de vista del enemigo.### Citas:

Lo primero que hizo Tak, se escribió a sí mismo. Lo segundo que hizo Tak, escribió las Leyes. Lo tercero que hizo Tak, escribió el Mundo. Lo cuarto que hizo Tak, escribió una caverna. Lo quinto que hizo Tak, escribió una geoda, un huevo de piedra. Y en la penumbra de la boca de la caverna, la geoda se abrió y nacieron los Hermanos. El primer Hermano caminó hacia la luz y se alzó bajo el cielo abierto. Por tanto, se volvió demasiado alto. Él fue el primer Hombre. No encontró Leyes, y fue iluminado. El segundo Hermano caminó hacia la oscuridad y se plantó bajo un techo de piedra. Por tanto, alcanzó la estatura correcta. Él fue el primer Enano. Encontró las Leyes que Tak había escrito, y fue obscurecido. Sin embargo, una parte del espíritu viviente de Tak quedó atrapada en el huevo de piedra roto, y se convirtió en el primer troll, que vaga por el mundo sin ser invitado ni querido, sin alma ni propósito, sin conocimiento ni comprensión. Temeroso de la luz y la oscuridad, arrastra los pies por siempre en la penumbra, sin saber nada, sin aprender nada, sin crear nada, sin ser nada…

—Chicos —dijo—, si hubiese un doctorado en ser tarugos, vosotros no encontraríais el lápiz.

—Desde luego tenemos que hablar con usted —dijo Zanahoria—. ¿Quiere un abogado? —No, ya he comido. —¿Come usted abogados? —preguntó Zanahoria. Ladrillo le dedicó una mirada vacía hasta que hizo acopio del cerebro suficiente. —¿Cómo se dicen las cosas esas que se hacen como pedacitos si te las comes? —preguntó. Zanahoria miró a Detritus y a Angua, para ver si encontraba allí alguna ayuda. —Podrían ser abogados —reconoció. —Se ponen todas blanduchas si las mojas en cosas —añadió Ladrillo, como si llevara a cabo un análisis forense. —Es más probable que estemos hablando de galletas, entonces —sugirió Zanahoria. —Lo mismo sí. En un paquete todo envuelto en papel. Eso, galletas. —Lo que quería decir —explicó Zanahoria—, era: cuando hablemos, ¿quiere que haya alguien de su parte? —Sí, por favor. Todos —se apresuró a responder Ladrillo. Ser el centro de atención en una sala llena de guardias era su peor pesadilla. No, espera, ¿y la vez que se metió aquel tocho mal cortado con nitrato de amonio? ¡Pumbaaaa! ¡Adiós lóbulos! ¡Ya te digo! Pues entonces esa era su segunda peor pesadill… No, no, mejor pensado, estaba la vez que se metió aquella historia que Cerril pilló a Cagontodo el Tuerto, ¡fuaa, vaya tela! A saber dónde pasó aquello… ¡Todos esos dientes bailando! O sea que esa era su… ¡Oye, oye, y cuando te pusiste ciego de topo y los brazos se te fueron volando por ahí! Anda que aquella no fue mala o sea que igual lo de ahora era su… Espera, claro, no nos estaremos olvidando el día que nos pusimos bonitos de trote y esnifamos polvo de zinc y nos daba que habíamos potado los pies, ¿eh? Aaagh, y aquella vez que, aaagh, no, cuando te, aaagh… Ladrillo iba por su decimonovena peor pesadilla cuando la voz de Zanahoria se coló entre las serpientes.

Diversión. ¿Para qué sirve? No es placer, júbilo, gozo, disfrute o alegría. Es una cabrona vacía, cruel y maliciosa, una palabra usada para definir algo que se busca con un hilarante par de antenas bamboleantes en la cabeza y las palabras «¡Lo quiero!» en la camiseta, y tiende a provocar que la gente despierte con la cara pegada a la calle.

La entidad conocida como la Oscuridad que Invoca recorría a toda velocidad las calles de la noche eterna, entre edificios de recuerdos envueltos en niebla que rielaban a su paso. Estaba llegando, estaba llegando. Había tenido que cambiar unos hábitos milenarios, pero iba encontrando vías de entrada, aunque no fueran más grandes que cerraduras. Nunca había tenido que trabajar tanto, nunca había tenido que moverse tan deprisa. Era… euforizante. Pero siempre, cuando se detenía ante alguna verja o chimenea desprotegida, oía la persecución. Era lenta, pero nunca dejaba de seguirla. Tarde o temprano, la atraparía. > ********## Datos del libro: > > Título: Snuff > Autor: Terry Pratchett > Nº de páginas:: 400 > Editorial: DeBolsillo > Colección: Mundodisco > ### Sinopsis: > > Lady Sybil ha conseguido por fin convencer a su marido, Sam Vimes, el comandante de la Guardia de Ankh-Morpork, de tomarse unas vacaciones. Pero conforme ella planifica unos merecidos días de descanso en el campo, él hace lo imposible para no abandonar su despacho. ¿El problema? El urbanita Vimes odia el campo: tanto aire fresco, tanto cantar de pájaros y, gracias a su bienintencionada esposa, tan escasos bocatas de beicon. Mientras Sybil toma el té en sociedad y su hijo se dedica a explorar la naturaleza, Vimes no puede evitar hacer alguna que otra pesquisa. Al fin y al cabo, un policía de verdad es capaz de encontrar delitos en cualquier parte, todo es cuestión de paciencia. Efectivamente, Vimes no tarda en dar con un cadáver… Sin embargo, fuera de su jurisdicción y sin poder contar con la ayuda inapreciable del cuerpo policial de Ankh-Morpork, Vimes tendrá que recurrir a su astucia, su olfato, su larga experiencia y el apoyo de su prodigioso mayordomo, para resolver otro caso y conseguir que se haga justicia para los más humildes.### Citas: > > > Es evidente que todo lo que un cuerpo trasgo expulsa ha formado parte de él y, por lo tanto, debe ser tratado con reverencia y debidamente almacenado para que, llegado el momento, pueda dársele sepultura junto con su dueño. Entretanto, el material se conserva en vasijas de unggue, asombrosas creaciones de las que hablaré más adelante. Unos instantes de desagradable reflexión nos harán concluir que ninguna criatura podría conseguir semejante propósito, a menos que poseyera gran riqueza, abundante espacio de almacenamiento y vecinos comprensivos. Por lo tanto, en la práctica, la mayoría de los trasgos observan el Unggue Tenido, que podría calificarse de variedad laxa y común del Unggue que solo comprende el cerumen, las uñas de manos y pies y los mocos. El agua, en términos generales, no se considera unggue, sino algo que atraviesa el cuerpo sin llegar a formar parte de él; su razonamiento se basa en que no existe diferencia aparente en el agua antes y después, por así decirlo (lo que arroja una triste luz sobre la frescura del agua en sus guaridas subterráneas). De modo parecido, las heces se consideran comida que ha experimentado un mero cambio de estado. Sorprende que los dientes no tengan el menor interés para los trasgos, que los ven como una clase de hongo, y que no parezcan adjudicar ninguna importancia al pelo, del que hay que decir que rara vez tienen mucho. > > > —Tu abuelo siempre me decía que, si veía una gran pila de estiércol en el campo, tenía que darle unas cuantas patadas para extenderla bien, porque así toda la hierba crece como es debido. —Sonrió al ver la expresión de Sam y siguió—: Bueno, es verdad, cariño. El estiércol es muy importante en las granjas. —Siempre y cuando entienda que no debe empezar a pegar patadas en las alcantarillas cuando vuelva a la ciudad —dijo Vimes—. Allí hay porquería que devuelve las patadas. > > > No soy la ley, ningún policía es la ley. Un policía es solo un hombre, pero cuando se despierta por la mañana la ley es su despertador. > > > —Esta es mi tierra —señaló Vimes—, y creo que puedo encargarme de que no les molesten. Algo parecido a una risilla se abrió paso entre la desgreñada barba del viejo trasgo. —Conocemos la ley, señor Poo-lii. La ley es la tierra. Usted dice: «Esta es mi tierra», pero no hizo la tierra. No hizo sus ovejas, no hizo los conejos de los que vivimos, no hizo las vacas ni los caballos, pero dice: «Todo esto es mío». Eso no puede ser verdad. Yo hago mi hacha, mis vasijas, y son mías. Lo que llevo puesto es mío. Algo de amor era mío. Ahora no está. Creo que es un buen hombre, señor Poo-lii, pero sabemos por dónde sopla el viento. Hace cien o doscientos años había en el mundo lo que la gente llamaba «naturaleza salvaje», o «páramo» o «tierra de nadie», y nosotros vivíamos en esos lugares, somos gente de nadie. Estaban el troll, el enano, el humano, y lamento por la raza trasga que no pudiéramos correr igual de rápido. > > > Recuerdo que muchos de sus amigotes estaban muy indignados con la investigación. ¡Decían que solo había cometido un asesinato y que era culpa de su mujer, por tener el mal gusto de morirse después de una mísera puñalada! > > > Hay ocasiones en la sinfonía del mundo en que su caleidoscopio auditivo de golpes, truenos, gritos y tormentas se funde de pronto en un único y gran «¡Aleluya!». Y la inocente caja de herramientas del pollero, que no contenía nada que no estuviera hecho de simples hierro, acero o madera, aun así resplandeció a ojos del comandante Sam Vimes igual que una hueste salida del cielo. ¡Mazos, martillos, sierras, de todo! ¡Hasta había un gran punzón de espiral! ¿Qué no podría haber hecho Willikins con un juguete como ese? ¡A-le-lu-ya! ¡Anda, si había una palanca! Vimes la sopesó y sintió que la Calle se elevaba hasta tocar sus pies. El hombre de los pollos complicados había oído gritar a una mujer… > > > —Vale, amigo mío, tu turno. Vamos a soltarlos, desde luego, pero me vendría bien alguna garantía de que no tendré un repentino montón de trasgos furiosos retorciéndome la cabeza hacia los dos lados para ver por cuál se arranca, ¿entendido? > > ********## Opinión Personal de la saga: > > Conocí Mundodisco hace ya un año, en un puente de noviembre en el que empecé a leerme esta saga solo por lo cansinos que eran con que la comenzase y, puedo asegurar que en ese momento no me imaginaba que se iba a convertir en la saga que yo recomenaría a alguien que me dijese que no la conoce.   En esta primera saga del Mundodisco nos encontramos con las aventuras de Sam Vimes, Zanahoria y Angua, tres policías que intentan poner algo de orden en la desordenada ciudad de Ankh-Morpork. En sus cechorías por la gran ciudad van acompañados de un sinfin de criaturas: Nobby, alguien que necesita un mapa para situar su cuerpo por lo tonto que es; Fred Colon, la mano derecha de Nobby y, por supuesto, alguien con su mismo intelecto; Detritus, un trolloc al que definen como “alguien más tonto que un bocadillo de ladrillos... y así hasta conseguir integrar en la guardia de la ciudad a un ejemplar de cada una de las especies que habitan ese reino. ¿Como definiría al capitán Vimes? Pues, muy fácil, con una cita del primer libro en que aparece:> ...yo no soy un héroe. No estoy en forma, y necesito una copa, y necesito una paga de cien dólares al mes sin extra para plumas. Esa no es la paga de un héroe. El héroe se lleva reinos y princesas, y hace ejercicio a menudo, y cuando sonríe la luz arranca destellos de sus dientes, ting. El muy hijo de puta. > > Zanahoria es la cabeza lógica de la guardia, pues es un personaje con mucho carisma, alguien capaz de convencer a una columna de que la culpa e que alguien se choque con ella es suya, alguien que era capaz de intervenir en los conflictos entre trols y enanos porque sabía entender las dos partes. Y, de Angua poco puedo decir: es la parte loca que Zanahoria necesita dentro de tanta cordura.   La narración de Pratchett es muy amena, con descripciones profundas de los lugares donde se desarrolla la trama, pero sin llegar a hacerse cansino y, sobre todo, con este autor podemos conocer otro punto de vista, la mayoría de veces crítico, sobre épocas y sucesos acaecidos en la antigüedad. Acompañados de estos guardias haremos frente al racismo (presente cuando empiezan a integrar policías de todas las razas posibles en la guardia), nos enfrentaremos a un dragón que trata de destruir la ciudad, hablaremos de la abolición de la esclavitud (con la liberación de los golems y los trasgos), aprenderemos la importancia el multiculturalismo (defendiendo los mitos regionales y el folclore de cada región) y, sobre todo, si hemos leído algún clásico de la literatura unviersal y hemos visto alguna película de Disney... seguro que somos capaces de ver muchas referencias a todo esto en esta lectura.     Espero que os haya gustado y, sobre todo, que os animéis a empezar la saga. Y hasta aquí mi primera entrada de citas de Mundodisco. El próximo mes volvemos con más!

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